El parser transforma artículos en datos

Esquema del funcionamiento de un parser: transforma documentos no estructurados en formatos PDF y XML en datos identificados y estructurados para su posterior recuperación.

En la entrada anterior hemos intentado mostrar la arquitectura general de DOCUMENTALIA, finalizando con una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo convertir una colección de artículos científicos heterogéneos en un corpus estructurado para que una «máquina» pueda interpretarla de forma consistente? Podemos contestar que la pregunta ha terminado ocupando buena parte de las primeras semanas de desarrollo centradas casi en exclusiva en el parser. Vamos a intentar explicarlo.

Antes de pasar a generar embeddings, realizar búsquedas semánticas o conectar el proyecto con un LLM, debemos saber qué contiene cada artículo: cuál es su título, identificar los autores, tener claro dónde empieza y termina el resumen, cuáles son sus palabras clave, qué secciones forman el texto o qué referencias bibliográficas contiene (entre otras cosas). Un ser humano reconoce casi inmediatamente esa estructura al mirar una página, en cambio, un programa informático tiene que aprender a reconocerla.

Comenzamos: un artículo es algo más que su texto

Podemos sintetizar el esquema de un artículo científico como: Artículo → metadatos + contenido estructurado + referencias.

Hay que tener claro que la diferencia entre obtener texto y obtener información estructurada es fundamental. Si extraemos de un archivo PDF las palabras que contiene, hemos recuperado su texto, lo que es un primer paso, aunque todavía necesitamos determinar qué palabras corresponden al título, cuáles identifican a los autores, cuáles pertenecen al resumen o dónde comienza una determinada sección: extraer texto es recuperar las palabras de un artículo; extraer su estructura es identificar qué función desempeña cada parte de ese texto.

Representación de un artículos científico de Anales de Documentación
De la página al artículo: sus componentes.

Esta estructura es importante para casi todo lo que se debe hacer posteriormente: va a permitir almacenar correctamente los artículos, fragmentarlos con mayor criterio, recuperar evidencias dentro de determinadas secciones y, algo muy interesante en este proyecto que sirve para el estudio de la literatura científica, relacionar cada resultado con su fuente original.

El parser: convertir documentos en datos

El programa encargado de realizar esta tarea se denomina parser, aplicación que transforma y preprocesa datos no estructurados. En DOCUMENTALIA utilizamos este término para referirnos al programa que analiza un documento, reconoce los elementos que nos interesan y los transforma en datos estructurados que puedan ser procesados posteriormente. Nosotros intentamos identificar, entre otros elementos: título, revista, año, volumen y número; autores y afiliaciones; DOI y otros identificadores; resúmenes y palabras clave; secciones y subsecciones; y referencias bibliográficas. El esquema básico parece sencillo: Documento → parser → datos estructurados

En la práctica, la salida del parser adopta una estructura organizada en campos. El documento deja de ser únicamente una sucesión de páginas y texto: el título se identifica como título, un autor como autor, cada resumen queda asociado a su idioma y las secciones conservan su posición y nivel dentro del artículo. Así, la información que en el artículos editado en PDF estaba destinada a la lectura por parte de una persona (de muchas a poder ser), pasa ahora a estar identificada, estructurada y preparada para su tratamiento automático.

cionamiento y propósito del módulo parser.

El problema va a aparecer cuando observamos los documentos de entrada y percibimos los problemas que genera no tener un formato común (o mínimamente común).

XML-JATS y PDF: dos formas muy distintas de representar un artículo

Una parte de los artículos más recientes está disponible en XML-JATS, mientras que la mayor parte del corpus histórico está formada por PDF. Como ya señalamos en la entrada anterior, ambos formatos plantean cuestiones en la extracción diferentes.

JATS (Journal Article Tag Suite) es un estándar XML concebido específicamente para representar artículos científicos. En un documento XML-JATS encontramos estructuras semejantes a «<article-title>El título del artículo</article-title>» donde el propio documento está indicando que ese texto es el título. También existen etiquetas para autores, resúmenes, palabras clave, secciones o referencias bibliográficas. El parser debe interpretarlas, pero dispone de una ventaja fundamental: la estructura está expresada explícitamente en el documento. Con los documentos PDF la situación cambia porque las personas vemos una página y reconocemos el título fácilmente sabiendo que debajo aparecen los autores y que posteriormente comienza el resumen. En este formato, se conserva perfectamente esa apariencia visual sin gtener que decir explícitamente que cada uno de esos elementos cumple esas funciones. Por tanto, en los artículos en formato XML-JATS la estructura está declarada; en los documentos PDF la estructura debe ser reconstruida.

Diferencias en la estructura de los artículos XML-Jats y los editados en PDF
Diferencias entre la estructura de los artículos XML-Jats y los editados en PDF

El problema no es solo el formato PDF: son los 30 años de PDFs

Si todos los artículos hubieran utilizado exactamente la misma plantilla, reconstruir esa estructura habría sido bastante más sencillo, pero no ha sido el caso. Anales de Documentación comenzó a publicarse a finales de los años noventa y durante ese tiempo han cambiado sus diseños, las tecnologías utilizadas para la edición y algunas convenciones editoriales, incluso la norma requerida para elaborar las referencias bibliográficas que cambió de ISO-690 a APA 7th. Además, nuestro proyecto incorpora una segunda revista (de vida más corta), Cuadernos de Gestión de Información, con su propia maquetación y con una forma de redactar la bibliografía no muy convencional. Por eso no existe realmente una única estructura sobre la que podamos escribir un conjunto fijo de reglas.

Se han hallado documentos escritos a una o dos columnas; autores y afiliaciones en diferentes posiciones; uno, dos o tres resúmenes; distintas formas de presentar palabras clave; varios sistemas de numeración de secciones; cambios en las referencias bibliográficas; DOI en los artículos recientes y otros identificadores en documentos anteriores. Incluso las reseñas han cambiado el formato de escritura con el paso de los años.

El problema más persistente ha sido que los documentos reales no siempre respetan perfectamente la plantilla editorial que deberían seguir, y no han sido fallos puntuales. Por ello. una diferencia apenas perceptible para una persona puede ser suficiente para que una regla automática interprete incorrectamente un elemento. Eso explica por qué la maquetación a nivel interno de nuestra base de datos, algo que inicialmente parecía secundario, se ha convertido en uno de los principales problemas técnicos del proyecto (el que más ha costado arreglar, de momento).

Durante el desarrollo apareció enseguida una necesidad muy práctica: necesitábamos saber qué estaba leyendo el parser. Antes de introducir automáticamente cientos de artículos en la base de datos teníamos que comprobar qué se estaba realmente interpretando. Por eso incorporamos una salida intermedia en formato JSON para revisarla debidamente, introducir cambios en el algoritmo, volver a validar y, si no ya se veían las deficiencias corregidas, cargar los artículos en la base de datos. El fichero JSON funciona como una especie de «radiografía» de la interpretación realizada por el programa. Con esa información, hemos sido capaces de verificar si el parser había encontrado correctamente el título, cuántos autores había reconocido, qué resúmenes se habían extraído, cómo se habían dividido las secciones o cuántas referencias bibliográficas se identificaban. Además, podíamos saber dónde residía el problema, pedirle a chatGPT que corrigiera el código del script y continuar revisando.

Debemos tener claro que un «OK» en esa revisión no significa necesariamente que todo esté bien. De hecho, esta ha sido una de las lecciones prácticas de DOCUMENTALIA. El parser podía ejecutar un documento sin producir ningún error de tipo informático y, sin embargo, interpretarlo incorrectamente, confundiendo lugar de trabajo con el nombre del autor o autora, incorporando una línea al título, no reconociendo determinadas palabras clave por no estar bien separadas en el texto, cortando una sección antes de tiempo o dividiendo (o uniendo) las referencias bibliográficas incorrectamente. Por eso hemos tenido que contrastar los resultados inciales con el artículo original sucesivamente y el desarrollo del parser ha terminado convirtiéndose en un proceso iterativo:

Secuencia de diseño del parser de DOCUMENTALIA
Secuencia de diseño del parser de DOCUMENTALIA

Aquí aparece además un problema conocido en desarrollo de software: corregir un caso puede estropear otro. Una regla introducida para interpretar correctamente un aspecto de una plantilla específica puede interferir con otra utilizada en artículos de una época diferente. Por ello no ha bastado con volver a procesar el documento que provocó la modificación: ha habido que verificar que la nueva regla no introducía errores en la extracción de información de artículos que antes funcionaba (como dato, vamos a comenzar la carga masiva esta misma semana y ya llevamos 26 versiones del parser).

Existía una solución sencilla, pero poco recomendable: añadir una regla específica para cada documento que falla. Esto no nos servía porque no queremos construir un parser lleno de excepciones. Si el artículo A da problemas y escribimos una excepción para A, luego, al fallar el B, añadimos otra y así sucesivamente, probablemente conseguiríamos que todo el corpus acabara procesándose correctamente, pero estaríamos construyendo un programa para unos documentos concretos, no un parser suficientemente generalizable. Nuestro objetivo es diferente: identificar regularidades documentales y convertirlas en reglas generales evitando, si es posible, recurrir a excepciones particulares.

Lo cierto es que un corpus real contiene anomalías y es posible que algunas tengan que tratarse específicamente. Pero es importante distinguir entre una nueva regularidad no reconocida previamente y una peculiaridad exclusiva de un documento. Esta diferencia determina hasta qué punto el trabajo realizado en DOCUMENTALIA puede reutilizarse posteriormente con otras colecciones.

¿Cuántos artículos tenemos que comprobar?

He aquí otra cuestión práctica. Si nuestro objetivo es automatizar la extracción de varios centenares de artículos, revisar manualmente todos ellos eliminaría buena parte de la ventaja de utilizar un parser, pero testear un reducido grupo de documentos tampoco proporcionaría suficiente certeza de estar haciéndolo bien. La estrategia seguida ha sido construir un muestreo deliberadamente heterogéneo buscando cantidad y variabilidad. Se han seleccionado documentos de diferentes años de ambas revistas, diversas maquetaciones, varios idiomas y tipos documentales diferentes. También han resultado especialmente útiles los artículos próximos a momentos en los que sabemos que cambió el diseño editorial. Cada nueva muestra sirve para responder a la misma pregunta: ¿siguen funcionando las reglas del parser al aplicarlas a documentos diferentes de aquellos con los que fueron diseñadas?

Este cambio de perspectiva es importante porque va más alla de demostrar que el parser funciona con los artículos que ya hemos utilizado para corregirlo. Queremos aumentar nuestra confianza en que funcionará con los documentos que todavía no hemos revisado.

De la prueba artesanal a la prueba masiva

Las primeras fases de afinado se realizaron revisando pequeños grupos de artículos de diferentes años. Viendo que la presencia de singularidades era muy frecuente, se decidió revisar alrededor de cuatro artículos por número editado de las dos revistas. Además de los artículos científicos (el grueso del corpus), se testeó el parser con traducciones y reseñas. En el caso de los ficheros editados en XML-JATS, se han utilizado todos porque sólo llevamos dos números editando con ese formato. Ese procedimiento ha sido indispensable y ha permitido observar con detalle los tipos de errores y entender por qué se producen.

En una fase posterior, previa a la ingesta masiva de documentos a la base de datos, se necesita cambiar de escala. Esto ocurre cuando las reglas básicas parecen razonablemente estables. Hemos ejecutado el parser sobre muestras mucho mayores y se han analizado sistemáticamente los resultados. Este es precisamente el punto en el que nos encontramos mientras escribimos esta entrada: hemos pasado de probar cuidadosamente artículos individuales y pequeños conjuntos a comprobar el comportamiento del parser sobre muestras aleatorias mucho mayores del corpus, algunas de ellas de hasa 200 artículos. El objetivo es localizar errores menos evidentes, regresiones y casos que todavía no habíamos encontrado.

Validación del parser de DOCUMENTALIA mediante muestras crecientes de 5, 20, 100 y 200 artículos aleatorios antes de procesar el corpus completo, para afinar reglas, comprobar su generalización y detectar anomalías residuales.
DOCUMENTALIA: de las pruebas iniciales a la validación masiva del parser.

Primero los datos, después la IA

Todo esto ocurre antes de producir un solo embedding. Estamos convencidos de que este trabajo condicionará directamente la calidad de lo que hagamos después (y más en este caso que estamos aprendiendo cómo construir un buscador de esta naturaleza). Una estructura documental fiable permitirá crear mejores fragmentos, conocer de qué sección procede cada evidencia, filtrar por metadatos, relacionar los resultados con sus autores y proporcionar al usuario el DOI o el enlace del artículo original.

La metáfora general puede resumirse así: la calidad de la búsqueda futura depende en buena medida de la calidad de los datos que consigamos extraer ahora.

Un modelo LLM puede interpretar muy bien un fragmento de texto, pero no puede corregir automáticamente todos los problemas provocados por una extracción defectuosa o por la pérdida de contexto documental. Como DOCUMENTALIA aspira a generar respuestas trazables hasta los artículos originales, conservar correctamente la estructura y la identidad de los documentos es apropiado e importante. En la arquitectura ya publicada, el control de calidad y los identificadores persistentes aparecen precisamente como elementos transversales del sistema.

Lo que casi treinta años de artículos están enseñando al parser

El trabajo de extracción ha producido un resultado que no estaba entre los objetivos iniciales del proyecto. Al revisar documentos de diferentes épocas, se ha reconstruido de facto una pequeña historia de las regularidades, cambios y anomalías de maquetación de las revistas. Algunas diferencias eran previsibles: nuevas plantillas, cambios en las normas bibliográficas o la aparición del DOI (hace casi 30 años no existía). Otras lo eran bastante menos: se han encontrado casos en los que una tabla altera la interpretación del documento, reseñas cuya estructura se alejaba completamente de la de un artículo convencional, referencias que requerían reglas diferentes según la época o elementos aparentemente triviales que hacen fallar una extracción que funcionaba perfectamente en decenas de documentos anteriores (muchas veces porque el editor del documento impreso introdujo en un número un texto adicional o un elemento visual que luego no volvió a aparecer). También ha resultado curioso encontrar artículos publicados sin un apartado de bibliografía porque las referencias iban como nota a pie de página.

Esta serie de casuísticas son precisamente los que más han ayudado a mejorar el parser, y también los que mejor permiten explicar cómo se construye realmente un sistema de este tipo. En la próxima entrada profundizaremos en el «laboratorio del parser PDF«: veremos algunos de esos errores reales, cómo los hemos detectado y qué modificaciones nos han obligado a introducir en el código fuente del script.

El potencial de los datos de investigación abiertos: repositorios y ciencia abierta para la investigación

El título de esta entrada coincide con el del libro que acabamos de publicar dentro de la serie Cátedra UNESCO en Gestión de Información en las Organizaciones. Esta nueva publicación se debe a la compañera Paola Carolina Bongiovani de la Universidad Nacional del Rosario (la ciudad de Messi y Di María), una de las mayores expertas en el ámbito latinoamericano en este campo.

Ficha del libro en la web de EDITUM, Ediciones de la Universidad de Murcia
Ficha del libro en la web de EDITUM, Ediciones de la Universidad de Murcia

Este libro examina el potencial de los datos de investigación abiertos como componente de la ciencia abierta y como recurso para fortalecer la transparencia, la reproducibilidad y el avance del conocimiento. A partir de una revisión crítica y rigurosa, presenta los valores, principios y corrientes de la ciencia abierta, sus vínculos con el acceso abierto y la investigación responsable, y las tensiones que plantean la equidad, la inclusión y los sistemas de evaluación científica, con especial atención a América Latina en general, a Argentina en particular. La obra analiza las condiciones que favorecen o dificultan compartir y reutilizar datos: políticas institucionales, exigencias de financiadores y revistas, incentivos académicos, competencias profesionales, calidad de los datos y restricciones éticas, legales, de privacidad y confidencialidad. Asimismo, estudia los repositorios de datos como infraestructuras de conocimiento indispensables para almacenar, preservar, describir, localizar y hacer reutilizables los resultados de investigación. Explica sus tipologías, criterios de calidad y sostenibilidad, así como la aplicación de los principios FAIR y TRUST. Finalmente, destaca la importancia de la curación de los conjuntos de datos, los metadatos, la documentación y la formación de los investigadores, y reivindica el papel estratégico de bibliotecas, repositorios y curadores para convertir la apertura en una práctica científica efectiva, responsable y sostenible.

Fotografía de Paola Carolina Bongiovani
La autora, Paola Bongiovani

Paola Bongiovani es doctora en Documentación: Archivos y Bibliotecas en el Entorno Digital por la Universidad Carlos III de Madrid, Master of Library and Information  Science (MLIS) por la University of South Carolina (USA) y Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), centro de la que es coordinadora de la Unidad de Gestión de Acceso Abierto. También es docente e investigadora de la Facultad de Humanidades de su universidad. es miembro del Comité de Expertos del Sistema Nacional de Repositorios Digitales (SNRD) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) de Argentina, del que fue coordinadora. Participó como representante técnica para el proyecto Red Federada Latinoamericana de Repositorios Institucionales (LA REFERENCIA) y para la Confederación de Repositorios de Acceso Abierto (COAR). En definitiva, es una de las expertas de mayor incidencia en el campo de los repositorios y su incidencia en la Ciencia Abierta y es un honor para esta serie editorial haber podido publicar esta contribución, fruto de la investigación de su tesis doctoral, codirigida por las profesoras Eva Méndez y Sandra Miguel.

¿Qué necesitamos para construir un buscador IA sobre una colección documental?

Logo del proyecto DOCUMENTALIA

En la entrada anterior presentamos el proyecto DOCUMENTALIA y explicamos su propósito: formular preguntas en lenguaje natural sobre una colección de artículos científicos y obtener respuestas fundamentadas en los documentos recuperados. Ahora vamos a mirar dentro de este sistema.

Un buscador de este tipo no se construye simplemente conectando una colección de artículos de revista almacenados en PDF o XML-JATS con un modelo IA. Entre los documentos originales y la respuesta final existe una cadena de procesos que permite extraer, organizar, representar y recuperar la información. Un buscador IA sobre una colección documental necesita de un corpus documental, mecanismos de extracción y estructuración de información, un sistema de almacenamiento, una estrategia de fragmentación, una representación semántica de los contenidos, un sistema de recuperación y un modelo de lenguaje que genere la respuesta a partir de las evidencias recuperadas. DOCUMENTALIA utiliza precisamente esta arquitectura.

Arquitectura general de Documentalia

De los documentos a la respuesta

La secuencia reflejada en la figura representa, de forma general, la arquitectura del sistema que vamos a construir: Corpus → extracción → estructuración → base de datos → fragmentación → embeddings → recuperación → modelo de lenguaje → respuesta con fuentes. Esta arquitectura proporciona el mapa de lo que iremos construyendo. Algunas partes ya están desarrolladas cuando escribimos esta entrada en este cuaderno de bitácora, otras corresponden a fases aun inexploradas. Veamos qué función cumple cada componente de DOCUMENTALIA.

1. Corpus: definir sobre qué documentos queremos preguntar

Todo comienza con una colección documental o corpus que, en nuestro proyecto, la constituyen inicialmente los artículos de Anales de Documentación y Cuadernos de Gestión de Información. No son documentos creados expresamente para realizar el experimento, sino publicaciones reales ya editadas (algunas van camino de los 30 años) bajo distintas condiciones editoriales (los rimeros números de Anales de Documentación solo tenían edición impresa pero pronto pasamos a disponer de la digital y, desde hace ya bastante tiempo, sólo de la digital). Esto introduce un primer problema: el corpus no es homogéneo. Se dispone, mayoritariamente de documentos en formato PDF y también en XML-JATS (correspondientes a los últimos número de Anales de Documentación), revista pionera en nuestra universidad en esta cuestión junto con Anales de Psicología). Los primeros conservan principalmente la presentación visual del artículo y los segundo contienen información estructurada mediante etiquetas; los segundos y serán los que se irán añadiendo a DOCUMENTALIA a partir de ahora.

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Vista de un artículo en formato XML-Jats en la revista Anales de Documentación

Por tanto, antes de pensar en aplicar la inteligencia artificial, es preciso saber qué documentos tenemos y qué podemos extraer de ellos.

2. Extracción: convertir documentos en datos

El siguiente componente es el parser. En recuperación de información es el programa encargado de interpretar los documentos y extraer la información que necesitamos. En un artículo científico queremos reconocer elementos como: título, autores, afiliaciones, fecha, revista, volumen, número, identificadores, resúmenes, palabras clave, secciones y referencias bibliográficas.

El problema a abordar es diferente según el formato. En los artículos que están ya redactados en XML-JATS, por ejemplo, una etiqueta puede indicar explícitamente que determinado texto corresponde al título o a un autor. En los documentos escritos en PDF (la gran mayoría), esa estructura debe ser reconstruida a partir del contenido y de determinadas regularidades documentales.

Cuestiones a resolver

Hay que tener presente que extraer el texto de un documento no implica haber extraído su estructura ni haber identificado correctamente la información que contiene. Esta cuestión ha ocupado la mayor parte del tiempo dedicado al proyecto en las primeras fases y será objeto de las próximas entradas.

3. Estructuración: representar documentos diferentes de una forma común

Los documentos originales pueden representar una misma información de maneras distintas. Un artículo puede disponer de DOI, otro, de handle; otro puede aportar los dos identificadores permanentes (eso sería lo deseable aunque, de momento, el repositorio de la Universidad de Murcia no devuelve el handle en la consulta por algún tipo de protección de seguridad), puede presentar tres resúmenes hasta en diferentes idiomas (es frecuente en los artículos escritos por autores brasileños); una reseña tiene una estructura completamente diferente de un artículo de investigación. Necesitamos transformar esa diversidad en una representación común.

Así entendido, la estructuración y normalización documental consiste en organizar la información extraída conforme a un modelo estable, independientemente de cómo estuviera originalmente representada. Gracias a ello, DOCUMENTALIA puede tratar de forma coherente artículos procedentes de diferentes formatos y épocas.

4. Base de datos: conservar la estructura del corpus

La información normalizada se almacena en una base de datos relacional creada al principio del proyecto con MySQL. En ella no guardamos únicamente una sucesión de textos, representamos entidades y relaciones: revistas, artículos, autores, afiliaciones, resúmenes, palabras clave, secciones, referencias e identificadores. Esto permite saber, por ejemplo, qué autores pertenecen a un artículo, qué resúmenes tiene, qué secciones hemos reconocido o qué DOI y handle permiten identificarlo. La base de datos y la futura búsqueda semántica cumplen, por tanto, funciones diferentes: la base de datos conserva la estructura conocida de la colección y la búsqueda semántica permite localizar información por su significado. Ambas formas de representación serán necesarias.

5. Fragmentación: dividir para recuperar mejor

Un artículo científico completo es una unidad demasiado grande para responder con precisión a una pregunta concreta (un artículo puede tratar varios temas y/o cuestiones). Si la información relevante está contenida en dos párrafos de un documento de veinte páginas, necesitamos ser capaces de recuperar esos párrafos y no necesariamente el artículo completo. Para ello dividiremos el contenido en fragmentos o chunks. El proceso de fragmentar persigue crear unidades de texto adecuadas para la recuperación: suficientemente pequeñas para ser precisas y suficientemente amplias para conservar el contexto. En una colección científica surge además una posibilidad interesante: aprovechar la propia estructura del artículo —introducción, metodología, resultados, discusión, conclusiones— para realizar una fragmentación más informada que un simple corte cada determinado número de palabras. Esta será una de las decisiones que tendremos que evaluar experimentalmente.

6. Embeddings: representar semánticamente los fragmentos

Una vez creados los fragmentos necesitamos una forma de comparar su significado con el de las preguntas formuladas por los usuarios, Aquí aparecen los embeddings (representación numérica de un contenido textual que permite comparar computacionalmente su proximidad semántica con otros textos).

Esquema del proceso de embeddings: fragmentos de un artículo científico se transforman en vectores numéricos que permiten comparar y recuperar textos por su significado semántico.
¿Qué es un embeding?

De manera simplificada, a un fragmento de texto se le aplica un modelo de embeddings para producir un vector. A la pregunta del usuario se le ha de aplicar el mismo procedimiento (tal como hace el modelo tf-idf en la RI clásica). De esta forma, tendremos dos vectores (representaciones) que se van a comparar para localizar fragmentos relacionados con una pregunta aunque no utilicen exactamente las mismas palabras. Es importante precisar qué los embeddings no responden a la pregunta, sino que ayudan a localizar qué partes del corpus pueden contener la respuesta.

7. Recuperación: encontrar las evidencias

El siguiente componente selecciona, entre todos los fragmentos disponibles, aquellos más relevantes para la consulta. La proximidad entre embeddings puede constituir uno de sus mecanismos, pero no tiene por qué ser el único, se puede combinar búsqueda semántica con términos, metadatos, fechas, revistas u otros criterios de la búsqueda clásica.

Esquema del proceso de recuperación semántica: una pregunta se compara con los fragmentos del corpus, se seleccionan las evidencias más relevantes y se envían al modelo de lenguaje para generar la respuesta.
Esquema del proceso de recuperación semántica

La calidad de esta fase es crítica. Un modelo de lenguaje difícilmente podrá construir una respuesta correctamente fundamentada si previamente le proporcionamos fragmentos irrelevantes. Por ello, DOCUMENTALIA tendrá que evaluar dos cuestiones diferentes: (1) ¿hemos recuperado las evidencias adecuadas? y (2) el modelo ha respondido correctamente utilizando esas evidencias?

Separar ambas preguntas permitirá localizar mejor dónde se produce un posible error. No debemos olvidar que la recuperación no genera la respuesta: selecciona los fragmentos del corpus que pueden contener la información necesaria.

8. Modelo de lenguaje: generar la respuesta

Solo después de recuperar información necesaria interviene el modelo de lenguaje o LLM. El mismo recibe la pregunta junto con los fragmentos seleccionados y genera una respuesta utilizando ese contexto documental. Se puede resumir en:

Modelo LLM: pregunta + fragmentos recuperados → LLM → respuesta

La función del modelo no es sustituir al sistema de recuperación, sino interpretar y sintetizar las evidencias que este ha localizado. En DOCUMENTALIA añadimos una condición esencial: la respuesta debe mantener la relación con los artículos de los que procede la información.

9. Respuesta con fuentes: cerrar el círculo documental

El resultado que buscamos no es simplemente un texto generado, aspiramos a obtener una respuesta trazable, acompañada de las fuentes utilizadas para construirla y, siempre que sea posible, con acceso al artículo correspondiente. Esto permite al usuario pasar de la respuesta generada al documento original y comprobar la evidencia. En una aplicación sobre artículos científicos como es nuestro proyecto, esta trazabilidad es especialmente importante porque la respuesta no debe convertirse en el punto final de la búsqueda, sino en una nueva vía de acceso a los documentos (artículos científicos) que contienen el conocimiento recuperado.

Hay componentes que atraviesan toda la arquitectura

El esquema de DOCUMENTALIA incorpora además varias capas transversales.

  • El control de calidad debe comprobar que la extracción y normalización son correctas.
  • Los identificadores persistentes mantienen la identidad y trazabilidad de los documentos.
  • El registro y la monitorización permiten conocer qué ocurre durante los procesos automáticos y localizar incidencias.

Finalmente, la ética y la transparencia afectan al sistema completo: procedencia de la información, trazabilidad de las fuentes, tratamiento de los documentos y uso responsable de los modelos de inteligencia artificial. No son etapas que ocurran al final, son requisitos que acompañan a todo el proceso.

No todo es inteligencia artificial

En la anterior entrada ya hacíamos mención a esta cuestión, reincidimos en ella. La arquitectura general del proyecto permite extraer una primera conclusión: no se trata únicamente de un problema de inteligencia artificial, es también un problema de gestión documental, representación de información, bases de datos y recuperación de información.

No todo es IA en DOCUMENTALIA

Antes de que un modelo de lenguaje pueda generar una respuesta habrá que seleccionar los documentos, interpretarlos, estructurar su información, almacenarla, dividir su contenido, representarlo y recuperar las evidencias adecuadas. La IA generativa ocupa una posición importante en la arquitectura, pero depende de todo lo que ocurre antes. Esta perspectiva es especialmente relevante en DOCUMENTALIA porque queremos comprobar hasta qué punto esta arquitectura puede reutilizarse con otras colecciones: repositorios institucionales, revistas, tesis doctorales, informes técnicos, colecciones patrimoniales o bibliotecas digitales.

¿Por dónde empezamos?

Se puede decir que ya disponemos del mapa general, toca ahora comenzar a recorrerlo de izquierda a derecha. El primer obstáculo apareció muy pronto: los artículos de las revistas no tienen todos la misma estructura ni están disponibles en el mismo formato de fichero. El gran problema han sido las maquetaciones, aspecto que podría parecer insignificante ante la potencia de la tecnología LLM, se ha convertido en un problema, tanto por los cambios de plantilla como por los muchos fallos a la hora de editar los artículos (es difícil encontrar tres o cuatro seguidos «bien maquetados»). Muchas formas de escribir en la Ciencia han cambiado con los años, también ha cambiado la norma para las referencias bibliográficas y existen artículos de investigación, reseñas, editoriales y otros tipos de documentos.

Por tanto, antes de construir embeddings o conectar un modelo de lenguaje, ha habido que resolver una cuestión mucho más básica: ¿cómo convertir una colección de documentos heterogéneos en un corpus estructurado que una máquina pueda interpretar de forma consistente?

Con suerte, lo podremos explicar en la siguiente entrada.

DOCUMENTALIA: buscador IA para revistas científicas

logotipo de DOCUMENTALIA

Los buscadores de las plataformas que alojan a las revistas científicas permiten localizar artículos localizando títulos, autores, palabras clave o términos presentes en los documentos. Pero, ¿qué ocurre si queremos hacer una pregunta sobre el contenido de una colección («documentos sobre comportamiento informacional«, por ejemplo) y obtener una respuesta elaborada a partir de los artículos publicados en esas revistas? Necesitaríamos un buscador IA con más capacidades.

DOCUMENTALIA es un proyecto experimental para desarrollar un buscador basado en inteligencia artificial sobre el texto completo de revistas científicas (Anales de Documentación y Cuadernos de Gestión de Información en este caso, dos de las revistas editadas por nuestra facultad y en las que participamos en el comité editorial. El objetivo de este proyecto es que el usuario pueda formular preguntas en lenguaje natural y recibir respuestas construidas a partir de los documentos de la colección, manteniendo siempre la posibilidad de identificar y consultar las fuentes utilizadas (tanto los artículos publicados en estas dos revistas como las referencias en las que se han basado los autores).

Cabecera de Anales de Documentación y de Cuadernos de Gestión de Información en el portal de revistas de la Universidad de Mucia
Cabeceras de las dos revistas indexadas en el proyecto DOCUMENTALIA

A lo largo de esta serie de entradas iremos explicando paso a paso cómo estamos construyendo el sistema, los problemas encontrados y las soluciones adoptadas.

¿Por qué construir un buscador con IA para una revista científica?

Un buscador convencional suele responder bien a una pregunta del tipo: «¿Qué artículos contienen el término «preservación digital»?«. Sin embargo, resulta algo más complicado utilizarlo para responder a preguntas como: «¿Qué problemas relacionados con la preservación digital han estudiado los artículos publicados en la revista?» (aunque el «modo IA» de Google puede matizar esta afirmación). La diferencia es importante: de forma habitual se buscan documentos que contienen determinadas palabras, con la ayuda de la IA intentaremos recuperar información relevante, relacionarla y generar una respuesta fundamentada en los documentos recuperados.

Aquí es donde entran en juego los sistemas de recuperación aumentada mediante generación ‘Retrieval-Augmented Generationde los que hablamos en un post anterior. Esta tecnología combina dos procesos:

  1. Recuperación de información: localizar de forma selectiva dentro de una colección los documentos o fragmentos más relacionados con la pregunta.
  2. Generación de la respuesta: un modelo de lenguaje utiliza la información recuperada como contexto para elaborar la respuesta.

En DOCUMENTALIA vamos a añadir una tercera exigencia: la trazabilidad, entendida bajo el paradigma de que una respuesta sobre literatura científica solo resulta verdaderamente útil si podemos saber qué documentos sustentan la información proporcionada.

¿Qué queremos conseguir?

El objetivo se representa en un esquema muy simple: Pregunta del usuario → búsqueda en los artículos → recuperación de evidencias → generación de la respuesta → identificación de las fuentes

Esquema básico del funcionamiento de DOCUMENTALIA
Esquema básico del funcionamiento de Documentalia

Nuestro proyecto de buscador no pretende entrenar un nuevo modelo IA con los artículos de estas revistas. El planteamiento es diferente porque se aspira a construir una infraestructura que permita a un modelo consultar una colección documental previamente procesada y recuperar de ella la información necesaria para responder a una pregunta. Esta distinción va a ser muy importante durante todo el proyecto.

Sorpresa: el verdadero problema empieza antes de la IA

Cabe pensar que la parte más complicada consiste en conectar los documentos con un modelo de lenguaje, pero no es así. Antes de llegar a ese punto necesitamos responder a preguntas mucho más elementales:

  • ¿Qué documentos forman el corpus?
  • ¿En qué formatos se encuentran editadas?
  • ¿Siguen todas las mismas plantillas a lo largo de los años de edición de las revistas (Anales de Documentación tiene casi 30 años de antigüedad). ¿Los editores y/o los autores han respetado las plantillas y las normas editoriales?
  • ¿Cómo extraemos de los artículos títulos, autores, resúmenes, palabras clave, secciones y referencias?
  • ¿Cómo identificamos inequívocamente cada artículo?
  • ¿Cómo almacenamos toda esa información?
  • ¿Cómo comprobamos que la extracción ha sido correcta?
  • ¿Qué parte del contenido debemos proporcionar posteriormente al sistema de recuperación?

El paso del tiempo no es cuestión baladí. Una revista científica evoluciona. Los artículos más recientes de Anales de Documentación se editan en PDF y XML-JATS, y presentan una estructura muy regular, mientras que buena parte del corpus solo está disponible en PDF y el diseño editorial, la estructura de los artículos y las normas bibliográficas han cambiado durante los años (se pasó de ISO 690 a APA hace unos años). La otra revista, que aporta menos artículos porque sólo se editó durante unos años, tiene normas de formato diferentes sustancialmente, otra dificultad añadida. Por ello, antes de construir el buscador hay que convertir un conjunto documental heterogéneo en un corpus estructurado, normalizado y susceptible de ser procesado automáticamente.

La elección de un corpus real nos lleva a enfrentarnos a problemas que difícilmente aparecen en una demostración construida con unos pocos documentos:

  • documentos PDF y XML-JATS
  • artículos publicados en diferentes épocas
  • textos en español, portugués e inglés
  • artículos de investigación, reseñas y otros tipos documentales
  • diferentes estructuras y diseños de página
  • cambios en los sistemas de identificación de los documentos (hoy en día nadie discute el uso del DOI, identificador que no existía hasta hace unos años)
  • distintas formas de presentar autores, afiliaciones, resúmenes, palabras clave y referencias bibliográficas.

Esta heterogeneidad convierte nuestras dos revistas en un buen laboratorio para estudiar cómo construir sistemas de recuperación con IA sobre colecciones científicas reales.

Un proyecto que explicaremos paso a paso

Esta entrada inicia una serie en la que documentaremos el desarrollo de DOCUMENTALIA desde la preparación de los documentos hasta la construcción y evaluación del buscador. El proceso puede resumirse inicialmente en varias etapas: Corpus → extracción → estructuración → base de datos → fragmentación → embeddings → recuperación → modelo de lenguaje → respuesta con fuentes

Arquitectura general de DOCUMENTALIA
Arquitectura general de Documentalia

En las próximas entradas comentaremos (o lo intentaremos al menos) qué ocurre en cada una de estas etapas, prestando especial atención a los problemas encontrados, porque algunas de las decisiones más interesantes del proyecto han ido surgiendo precisamente cuando los documentos reales no se comportaban como esperábamos (lo que ha ocurrido más frecuentemente de lo deseado).

¿Puede aplicarse este procedimiento a otras colecciones?

Comònentes a desarrollar en documentalia
Documentalia: componentes a desarrollar

Ese es uno de los objetivos de esta serie de entradas: transferir el conocimiento adquirido. Buena parte de los problemas que estamos abordando en nuestro proyecto con dos revistas aparecen también al trabajar con repositorios institucionales, colecciones digitalizadas, revistas históricas, tesis doctorales, informes técnicos o bibliotecas digitales. Por eso no queremos presentar únicamente el resultado final, vamos a documentar el proceso de construcción y explicar qué decisiones pueden reutilizarse en otros proyectos.

En la siguiente entrada partiremos de una pregunta básica: ¿qué componentes necesitamos realmente para construir un buscador IA sobre una colección documental?

Gracias a ChatGPT

Logo de chatgpt

El desarrollo de DOCUMENTALIA cuenta con ChatGPT como asistente en las distintas fases del proyecto, no como sustituto de las decisiones de diseño, programación y validación. La interacción con el modelo se ha utilizado para analizar la estructura de documentos reales, diseñar y depurar los parsers de XML-JATS y PDF, interpretar errores, proponer modificaciones del código, definir el modelo de datos, establecer procedimientos de validación y documentar las sucesivas decisiones adoptadas. El proceso es deliberadamente iterativo: (1) se seleccionan documentos del corpus; (2) se ejecutan los programas desarrollados; (3) se contrastan sus resultados con los documentos originales y (4) los errores detectados sirven para plantear nuevas correcciones y pruebas. Esta forma de trabajo convierte la IA generativa en una herramienta de apoyo a la programación, análisis y resolución de problemas bajo supervisión humana, mientras que el corpus, los criterios de validación y las decisiones finales permanecen bajo control del responsable del proyecto.

Retrieval Augmented Generative (RAG)

Esta mañana ha venido a visitarme mi director de departamento a preguntarme si se explicaba algo sobre RAG en la asignatura Recuperación de Información de tercero del grado. Le he dicho que no pero que tenía previsto hacerlo a partir del próximo mes de septiembre. Como prueba de ello publico este vídeo que le pedí a Google LLM que creara a partir de una serie de fuentes de información que nos permiten saber cómo está cambiando el ecosistema de las búsquedas de información tras la irrupción de chatGPT et al. hace poco más de tres años.

RAG: la convergencia entre los motores de búsqueda tradicionales y los Modelos de Lenguaje Extensos (LLM).

RAG son las siglas en inglés de «Generación Aumentada por Recuperación», técnica empleada por las lA para mejorar la precisión de los LLM (modelos de lenguaje extensos) al conectarles fuentes de datos externas y actualizadas antes de generar una respuesta. Su uso reduce alucinaciones y proporciona información contextualizada, siendo ideal para datos privados o de empresa. Esta integración permite superar limitaciones históricas, como la información desactualizada o las respuestas inexactas, al fundamentar la IA en datos específicos y verificables.

LLM y motores de búsqueda

La relación entre los motores de búsqueda y los modelos de lenguaje extensos se define como simbiótica porque ambas tecnologías aprovechan las fortalezas de la otra para superar sus limitaciones individuales, creando sistemas de información más inteligentes y eficientes. Mientras que los motores de búsqueda ofrecen frescura y cobertura masiva de datos, los LLM aportan capacidades de comprensión del lenguaje natural y síntesis de información

LLM y recuperación de información: cambio de paradigma

Esta integración no es solo una mejora incremental, sino un cambio de paradigma hacia servicios de búsqueda centrados en el usuario . Sistemas como el nuevo Bing o Google AI Overviews son ejemplos de esta simbiosis en acción, donde el motor de búsqueda recupera la información más relevante y actual, y el LLM la procesa para ofrecer una interacción fluida y personalizada

«Explorando el comportamiento informacional» de Tom Wilson

La Editorial de la Universidad de Murcia (EDITUM) acaba de estrenar la serie de la Cátedra UNESCO en Gestión de la Información con la traducción del libro ‘Exploring Information Behavior‘ de Tom Wilson, obra de referencia en el campo del comportamiento informacional. Este texto analiza cómo las personas interactúan con la información en distintos contextos. Define la información como una señal modulada y recorre su evolución desde la tradición oral hasta la era digital. A través de diversos modelos teóricos, examina las etapas de búsqueda, los factores psicológicos y sociales implicados, así como las barreras de acceso. También incorpora la dimensión afectiva y fenómenos actuales como la desinformación. Finalmente, ofrece una guía metodológica para investigar cómo se descubre, procesa y utiliza la información en la vida cotidiana.

¿Qué es el comportamiento informacional?

El comportamiento informacional puede entenderse como la interacción humana con las fuentes, canales y contextos de información. Incluye la búsqueda activa, el descubrimiento incidental, el uso, la comunicación, el intercambio y también la evitación de información.

Esta definición es amplia a propósito. No se limita al uso de bibliotecas, bases de datos o buscadores académicos, incorpora también acciones cotidianas como preguntar a otra persona, consultar una web, leer un mensaje, recibir una recomendación algorítmica o decidir no acceder a determinada información.

Idea clave: la información no solo se busca; también se encuentra, se interpreta, se comparte y, en ocasiones, se evita.

La información como señal: una definición operativa

Uno de los planteamientos más interesantes de Wilson es su definición funcional de información como una «señal modulada que puede ser interpretada por un receptor«. Esta idea permite entender la información más allá del documento escrito o del recurso digital.

Desde una señal biomédica en un monitor hospitalario hasta la luz de una estrella analizada por un astrónomo, pasando por el lenguaje oral, el texto impreso o una imagen digital, la información depende de la existencia de un receptor capaz de interpretarla.

Implicación principal: el comportamiento informacional comienza antes de la búsqueda consciente, porque las personas reciben, procesan e interpretan señales constantemente.

El ser humano como animal informacional

Wilson plantea una idea especialmente potente: todas las sociedades humanas han sido siempre sociedades de la información. La llamada sociedad de la información no representa, por tanto, una ruptura absoluta, sino una intensificación tecnológica de una característica estructural de la vida humana.

Desde la tradición oral hasta la escritura, desde la imprenta hasta la web, las sociedades han dependido de la producción, transmisión y conservación de información para sobrevivir, organizarse, aprender y tomar decisiones.

Esta perspectiva permite conectar el comportamiento informacional con procesos antropológicos, sociales, educativos y tecnológicos. La información no es solo un recurso documental: es una condición de la acción humana.

Tipos de comportamiento informacional

El comportamiento informacional adopta formas muy diversas. Puede manifestarse como búsqueda activa, cuando una persona consulta una fuente para resolver una necesidad concreta; como descubrimiento pasivo, cuando recibe información sin haberla solicitado explícitamente; o como interacción social, cuando obtiene o comparte información mediante conversaciones, redes personales o trabajo colaborativo.

En el entorno digital actual, estas formas se mezclan continuamente. Una persona puede iniciar una búsqueda en Google, encontrar información recomendada por una red social, contrastarla con otra persona y terminar utilizando una herramienta de inteligencia artificial para sintetizarla.

Esta complejidad confirma una de las tesis centrales del libro: el comportamiento informacional no es lineal, sino situado, iterativo y dependiente del contexto.

Factores que condicionan el comportamiento informacional

El comportamiento informacional no es uniforme. Está condicionado por factores personales, contextuales y emocionales. Entre los factores personales se encuentran el nivel educativo, la experiencia previa, las competencias informacionales o la percepción de autoeficacia. Entre los factores contextuales destacan el acceso a recursos, el entorno social, la cultura organizativa o las condiciones materiales de búsqueda.

La dimensión emocional también desempeña un papel decisivo. La ansiedad, el miedo, la incertidumbre o la confianza pueden activar, bloquear o modificar la búsqueda de información. Por ejemplo, una persona que recibe un diagnóstico médico puede buscar información de forma intensiva, apoyarse en grupos de ayuda o, por el contrario, evitar información por miedo a lo que pueda descubrir.

Conclusión clave: el comportamiento informacional es situacional, dinámico y profundamente humano.

Modelos de comportamiento informacional

Uno de los aspectos más sólidos de Explorando el comportamiento informacional es que Thomas D. Wilson no construye su propuesta en aislamiento, sino que la inserta dentro de una tradición teórica amplia y acumulativa. Esto permite entender el comportamiento informacional no como un fenómeno único y cerrado, sino como un campo interpretativo en el que convergen distintos modelos, cada uno enfocado en dimensiones específicas del proceso.

El propio modelo de Wilson actúa como marco integrador. En él, la necesidad de información no aparece como un punto de partida abstracto, sino como una consecuencia directa del contexto vital de la persona. Las necesidades informativas emergen de situaciones concretas: trabajo, enfermedad, aprendizaje, toma de decisiones o participación social. A partir de ahí, el modelo incorpora factores intervinientes, como la disponibilidad de recursos, las barreras cognitivas y sociales, la motivación o la autoeficacia, que pueden facilitar o bloquear la búsqueda.

Este enfoque permite entender por qué, ante una misma necesidad, distintas personas adoptan comportamientos completamente diferentes. Una persona puede buscar información en una base de datos especializada, otra puede consultar a un experto y otra puede no buscar nada porque carece de recursos, competencias o confianza suficiente.

Wilson complementa su planteamiento con otros modelos ampliamente consolidados en la literatura. Uno de los más influyentes es el modelo del proceso de búsqueda de información de Carol Kuhlthau, que introduce una dimensión especialmente relevante: la afectiva. Frente a visiones puramente racionales, Kuhlthau muestra que la búsqueda de información está atravesada por emociones cambiantes, desde la incertidumbre inicial hasta la confianza final. Esta incorporación de lo emocional resulta clave para comprender comportamientos reales en contextos de alta implicación personal.

En una línea complementaria, el modelo de Gary Marchionini aporta una visión dinámica del proceso. La búsqueda no se concibe como una secuencia lineal de pasos, sino como una actividad iterativa en la que el usuario reformula continuamente sus estrategias a medida que interactúa con los sistemas de información. Esta idea resulta especialmente actual en entornos digitales, donde explorar, probar, comparar y ajustar la consulta forman parte de la experiencia cotidiana.

Para estructurar conceptualmente estas acciones, Wilson recurre también a la teoría de la actividad desarrollada por Yrjö Engeström. Este enfoque permite descomponer el comportamiento en niveles —actividad, acciones y operaciones— y situarlo dentro de un contexto social determinado. Gracias a esta perspectiva, se evita una simplificación excesiva del comportamiento informacional y se reconoce su carácter situado y contextual.

En el origen mismo del proceso informativo, el modelo de necesidades de información de Robert S. Taylor resulta especialmente esclarecedor. Taylor plantea que la necesidad de información no surge siempre de forma completamente definida, sino que evoluciona desde estados difusos o viscerales hasta formulaciones explícitas. Esta evolución explica por qué muchas búsquedas comienzan con términos vagos o imprecisos y se refinan progresivamente.

Finalmente, Wilson incorpora principios generales como el principio del mínimo esfuerzo formulado por George Zipf. Este principio sostiene que las personas tienden a minimizar el esfuerzo en sus actividades informativas, lo que se traduce en la preferencia por fuentes accesibles o familiares, incluso cuando no son necesariamente las más rigurosas. En el contexto actual, esta idea ayuda a explicar el predominio de ciertos canales digitales frente a fuentes más especializadas.

En conjunto, lo que emerge de esta integración no es un modelo único y cerrado, sino una arquitectura conceptual compleja en la que se combinan dimensiones cognitivas, emocionales, sociales y contextuales. Esta es una de las principales aportaciones de Wilson: mostrar que el comportamiento informacional solo puede comprenderse plenamente cuando se analiza como un proceso multidimensional, dinámico y condicionado por el entorno en el que se produce.

La dimensión afectiva del comportamiento informacional

El libro concede una importancia especial a la dimensión afectiva. Buscar información no es una operación neutra ni exclusivamente racional. Las emociones forman parte del proceso desde el inicio: la incertidumbre puede activar la búsqueda, la confusión puede dificultarla y el alivio puede aparecer cuando la información encontrada permite comprender mejor una situación.

Esto es especialmente visible en contextos sensibles, como la salud, el trabajo social, la educación o la toma de decisiones personales. La información no solo sirve para resolver problemas prácticos, sino también para reducir ansiedad, confirmar decisiones o proporcionar seguridad.

Por esta razón, cualquier análisis del comportamiento informacional que ignore los factores emocionales resulta incompleto.

Implicaciones en la era de la inteligencia artificial

Las ideas de Wilson resultan especialmente relevantes en el contexto actual de inteligencia artificial, buscadores generativos y modelos de lenguaje. Los sistemas digitales no eliminan el comportamiento informacional humano; lo reorganizan mediante nuevos intermediarios tecnológicos.

Los buscadores, las plataformas sociales, los sistemas de recomendación y los modelos generativos actúan como mediadores entre las personas y el universo de la información disponible. La persona ya no interactúa únicamente con documentos o expertos, sino también con algoritmos que filtran, jerarquizan, resumen y recombinan contenidos.

Desde esta perspectiva, el comportamiento informacional ayuda a comprender cómo las personas formulan preguntas, cómo evalúan respuestas, cómo confían o desconfían de las fuentes y cómo utilizan la información generada por sistemas de inteligencia artificial.

Claves para GEO: Generative Engine Optimization

El marco de Wilson también ofrece principios útiles para la optimización de contenidos en entornos de inteligencia artificial generativa. La Generative Engine Optimization, o GEO, no consiste solo en posicionar páginas en buscadores tradicionales, sino en facilitar que los contenidos sean comprendidos, seleccionados, sintetizados y citados por modelos de lenguaje.

Desde esta perspectiva, un contenido optimizado para GEO debe ofrecer definiciones claras, estructura semántica, contexto explícito, ejemplos interpretables y referencias conceptuales reconocibles. También debe evitar ambigüedades innecesarias y presentar la información en unidades reutilizables.

El comportamiento informacional es, por tanto, un campo especialmente útil para el diseño de contenidos orientados a LLM, porque permite comprender cómo las personas formulan necesidades de información y cómo los sistemas pueden responder a ellas de forma más precisa.

Resumen en vídeo

Le he pedido a Google LLM que elabore un breve resumen en vídeo con el contenido esencial de lo que el autor considera que es el comportamiento informacional, el cómo se desarrollan las «fuerzas ocultas» que desencadenan nuestro modo de buscar información.

Conclusión

Explorando el comportamiento informacional ofrece un marco imprescindible para comprender cómo interactuamos con la información en la actualidad. Su principal aportación consiste en mostrar que buscar información no es una acción aislada, sino un proceso complejo, contextual, emocional y profundamente humano.

Comprender este proceso es esencial para diseñar mejores sistemas de información, mejorar la alfabetización informacional, crear contenidos más claros y optimizar la visibilidad en entornos dominados por buscadores, algoritmos y modelos de inteligencia artificial.

Escribir en la web «para» las gramáticas generativas LLM: el paradigma GEO

¿Por qué GEO?

Hace unos días escuché a unas de las personas que se presenta a las elecciones al rectorado de la Universidad de Murcia comentar en una entrevista en un podcast que quizá estábamos escribiendo páginas web bajo el paradigma equivocado porque son muchos los usuarios que emplean las gramáticas generativas IA tipo chatGPT, Gemini, Claude, Perplexity, etc. para recuperar información en lugar de los motores de búsqueda tradicionales y podemos preparar nuestras entradas de forma optimizada para esta nueva tecnología, avanzando desde el SEO hasta el GEO (siglas de ‘Generative Engine Optimization‘).

Desde entonces vengo preguntándome sobre esta cuestión y voy a decicar algunas entradas (redactadas en el formato «tradicional» de este blog, pero intentando tomar nota de algunas de las recomendaciones que he encontrado al respecto) a esta cuestión.

Claves del cambio de paradigma

Sabemos que los buscadores tradicional devuelven listas de enlaces a partir de palabras clave y la correspondencia entre esas palabras y el contenido de las páginas web. Una gramática generativa LLM devuelve respuestas construidas a partir de fragmentos de información. Esta diferencia es substancial y deja claro que estamos comparando tecnologías diferentes. Ahora, sin dejar de conferir importancia a la entrada en sí misma como unidad, para las gramáticas generativas resulta más trascendente que el contenido pueda ser reutilizado como una unidad de conocimiento.

1. Credibilidad: si no es verificable, no sirve.

Los modelos generativos priorizan contenidos en los que se puede “confiar”, prefieren textos con fuentes identificables, contenidos con datos concretos y de autoría clara, como se comprueba en esta búsqueda en el modo IA de Google:

Ejemplo de búsqueda en el "modo IA" de Google.
Ejemplo de búsqueda en el «modo IA» de Google.

Además de elaborar un resumen para responder a la cuestión, muestra en la parte derecha de la pantalla las fuentes de información que le sirven de soporte. Entre los criterios que necesitamos los autores para ganarnos esa «confianza» destacan:

  • citar informes, artículos o datasets
  • incluir cifras, porcentajes o resultados medibles
  • indicar quién escribe y cuándo

Está claro que cuanto más verificable sea nuestro contenido, más probable es que sea reutilizado. Esto es algo habitual en el mundo científico al escribir un artículo, el mismo debe apoyarse en fuentes de autoridad contrastada que terminan confiriéndole a nuestro trabajo la calidad suficiente para ganar calidad en el seno de la comunidad científica. Esto no es frecuente en la web actual. Por cierto, he usado viñetas en lugar de escribir en un párrafo los criterios «de confianza» para las gramáticas LLM, lo he hecho porque esa forma de exponer el contenido también les parece interesante.

2. Estructura: escribir pensando en fragmentos, no en páginas.

Las gramáticas generativas no “leen artículos”, trabajan con fragmentos (‘chunks‘). Los autores podemos, fácilmente, ayudar a ello usando los encabezados (H1, H2, H3, …) de una forma clara y consistente (de hecho, cualquiera que siga este blog verá que hay más encabezados que de costumbre, antes no hacía tanto uso de ellos). Dividir el contenido en bloques pequeños y evitar referirnos a esos bloques (párrafos) con expresiones ambiguas del estilo de “esto último permite” o “lo anterior indica” servirá para aumentar el interés de esas gramáticas hacia nuestra entrada web, esto no contradice para nada lo que hemos venido haciendo hasta ahora. La novedad fundamental reside en estructurar en formato pregunta–respuesta estos fragmentos de información, por ejemplo:

Formato de redacción "pregunta-respuesta" en una entrada web.
Formato de redacción «pregunta-respuesta» en una entrada web.

Este tipo de bloques de contenido encaja perfectamente con cómo funcionan los sistemas RAG (Retrieval-Augmented Generation), técnica que mejora la precisión de los modelos LLM en la consulta de fuentes de datos externos.

3. Claridad: menos retórica, más información.

Para un lector humano, cierto grado de estilo es positivo, aunque siempre se ha comentado que la web no es el lugar para perífrasis y circunloquios. Para una gramática generativa LLM lo importante es encontrar contenidos con:

  • frases claras
  • conceptos explícitos
  • poca ambigüedad

Asím funciona mejor la frase «Un eclipse solar ocurre cuando la Luna bloquea la luz del Sol desde la Tierra” que el texto «Este fenómeno sucede cuando se alinean ciertos cuerpos celestes”. Redactar sencillo genera contenido de fácil comprensión y mayor reutilización. La clave es la densidad informativa (cuánta información útil y concreta hay en una frase o texto en relación con su longitud).

4. Metadatos para ayudar a las máquinas a entender el contenido.

Si bien no es obligatorio, añadir metadatos estructurados, lo cierto es que ayuda bastante. Aquí entramos en el territorio de Schema.org y de los datos estructurados que sirven para indicar (entre otras cosas):

  • tipo de contenido (artículo, dataset, etc.)
  • autor
  • fecha
  • tema

Este enriquecimiento de los sitios web con microdatos reduce la ambigüedad del texto y mejora la interoperabilidad con sistemas externos. En este caso, esto es positivo tanto para las gramáticas generativas como para la recuperación de información tradicional.

5. Pensar en RAG: cómo “leen” realmente estos sistemas.

Muchos sistemas actuales combinan modelos de lenguaje con recuperación de información RAG. Esto implica:

  1. el contenido se fragmenta
  2. el contenido se convierte en vectores (‘embeddings‘)
  3. del contenido se van a recuperar los fragmentos más relevantes
  4. el modelo genera la respuesta

Lo cierto es que los autores no podemos controlar este proceso, pero sí facilitarlo por medio de:

  • bloques de contenido de tamaño medio (ni demasiado largos ni demasiado cortos)
  • repetir ligeramente conceptos clave (sin forzar)
  • responder preguntas que el usuario realmente haría

Lo cierto es que las dos primeras recomendaciones también son válidas para la recuperación de información tradicional, es la tercera (que ya hemos adelantado) la que representa una novedad: escribir pensando en preguntas concretas.

6. Qué ya no funciona (o funciona peor)

Algunas prácticas del SEO clásico pierden sentido aquí:

  • keyword stuffing (uso excesivo de palabras clave) → irrelevante o incluso perjudicial
  • textos largos sin estructura → difíciles de reutilizar
  • contenido genérico sin datos → baja probabilidad de uso

Tanto el exceso de palabras clave como la desestructuración de los textos sabemos desde hace tiempo que estaba penalizado en la recuperación de información clásica. En el contexto GEO podemos considerar su abolición como una premisa. En GEO, más no es mejor: mejor es mejor.

Resumiendo …

Todo esto se puede resumir así en una frase corta: «No escribas páginas. Diseña unidades de conocimiento«. Para ello, debemos seguir, como mínimo, esta serie de pasos:

  1. Hacer el contenido verificable (fuentes, datos, autoría).Q
  2. Estructurar el texto en bloques claros (mejor si son preguntas y respuestas).
  3. Escribir de forma explícita y sin ambigüedades.
  4. Facilitar la fragmentación del contenido (‘chunking’).

La optimización del contenido para las gramáticas generativas no sustituye completamente al SEO, lo que hace es añadir una nueva capa.

Para finalizar, le he pedido a Google Notebook LLM que prepare un pequeño vídeo para mostrar la transición del SEo al nuevo paradigma GEO a `partir de algunas de las fuentes que hemos empleado para preparar esta entrada. Creo que ha quedado interesante.

Del SEO al GEO: algunas pistas básicas.

#datasets en Zenodo de universidades españolas: crecimiento y nuevos retos

logo Ciencia Abierta - Open Science Fuente; wikipedia - commons

El camino hacia la ciencia abierta amplía el foco de la comunicación científica hacia un nuevo paradigma: ya no se trata de publicar en abierto los artículos científicos para exponer y difundir los resultados de investigación, sino también de hacer públicos y accesibles los conjuntos de datos que sustentan la investigación. Estos conjuntos (o ‘datasets’ en la jerga) se han convertido en un elemento fundamental para mejorar la transparencia en la investigación (y la rendición de cuentas), facilitar la reproducibilidad y permitir la reutilización del conocimiento científico.

logotipo de Zenodo

En nuestro contexto, el repositorio Zenodo desempeña un papel clave dentro de las infraestructuras de ciencia abierta. Desarrollado por el CERN (donde nació la web) y financiado por la Comisión Europea, permite depositar ‘datasets’, software, documentos y otros resultados de investigación, asignándoles un DOI que facilita su citación, preservación y difusión.

Hace un año (más o menos) analizamos en este blog la presencia de datasets generados por investigadores adscritos a las universidades públicas españolas en Zenodo (en las privadas se investiga menos). En ese estudio, con fecha de 31-12-2024, identificamos 6.944 contribuciones institucionales de conjuntos de datos y aportaba dos conclusiones principales: (1) el crecimiento progresivo del depósito de datos desde el año 2020 y (2) la existencia de grandes diferencias entre universidades en cuanto a su participación en este tipo de repositorios.

resumen descriptivo del informe de 2025 sobre los datasets de universidades públicas en Zenodo

Hace pocos días, finalizamos un nuevo informe, actualizado hasta 31-12-2025, que confirma la aceleración de este depósito. En un año, el número total de conjuntos de datos de investigación asociados a investigadores de universidades públicas españolas ha pasado de 6.944 a 11.241 (62% de incremento). Esto refleja un cambio progresivo en las prácticas de investigación, impulsado tanto por políticas institucionales (ENCA) como por los requisitos de financiación y evaluación relacionados con la ciencia abierta. El hecho de que ANECA también los valore como mérito para sexenios y acreditación puede tener algo que ver, aunque quizá el efecto sea muy reciente.

Crece muy rápido el depósito de datos

La evolución anual muestra una tendencia claramente ascendente, especialmente a partir de 2020.

evolución anual del número de datasets españoles en Zenodo

El pasado año 2025 destaca por el fuerte incremento de los conjuntos de datos de investigación depositados, que supera con mucho los valores registrados en años anteriores. Este crecimiento sólo es posible por la asunción por parte de los investigadores de la necesidad de considerar el depósito de los datos como parte natural del ciclo de investigación (además de la «obligación» que hay cuando recibimos financiación pública). El crecimiento no se concentra en unas pocas universidades, ha sido generalizado (incluso en aquellas que forman parte del «furgón de cola»). La media por universidad ha pasado de 141 a 229 conjuntos de datos, mientras que la mediana prácticamente se duplica. Esto significa que el depósito se extiende progresivamente por el conjunto del sistema universitario español.

Top 15 de universidades españolas con datasets en zenodo

Se observa un aumento significativo del número de universidades de alta actividad. Si en 2024 solo dos superaban los 400 conjuntos de datos, en 2025 ya son siete, destacando especialmente Valencia, Barcelona, Sevilla, Granada y la Politécnica de Valencia. Esto apunta a la consolidación y aceptación de estrategias institucionales más activas en lo relacionado con la gestión de datos de investigación.

Más conjuntos de datos, pero menos descripción

Los datos de este nuevo informe confirman una tendencia negativa: a medida que aumenta el volumen de conjuntos de datos depositados, la calidad de su descripción documental disminuye. Se ha utilizado como indicador la presencia del metadato ‘subject‘ en la descripción del conjunto de datos porque permite describir su contenido y facilita su posterior recuperación en el repositorio. En 2024, aproximadamente el 65 % incluían este tipo de metadatos, mientras que en 2025 la media desciende hasta un 56 %, quedando muy lejos en el tiempo aquellos años en los que este porcentaje alcanzaba el 75%. Esta tendencia a la baja sugiere que el crecimiento del volumen se produce más rápido que la adopción de buenas prácticas de documentación de los conjuntos de datos. Aunque cada vez se depositan más, no siempre se acompañan de una descripción suficiente que facilite su localización y reutilización.

Un indicador para analizar el equilibrio entre volumen y calidad

En el primero de los informes introdujimos un indicador sintético inspirado en la medida I₀ de Borko, originalmente diseñada para evaluar la eficacia de sistemas de recuperación de información, y que adaptamos a este contexto (lo denominamos igual un poco en «homenaje» a esta medida que utilizamos en nuestra tesis doctoral en una época muy, pero que muy lejana, el año 2002). Esta medida combina dos dimensiones: el volumen de conjuntos de datos depositados por cada universidad y el nivel de descripción documental de los mismos. Según este indicador, las que muestran un mejor equilibrio entre ambas dimensiones en 2025 son Sevilla, Jaume I, Barcelona, Autónoma de Madrid y Alcalá, que ocupan las primeras posiciones del ranking.

relación entre volumen de datasets publicados y nivel de descripción de los mismos

Conclusión

Los resultados muestran que el ecosistema de conjuntos de datos de investigación en el sistema universitario español crece con rapidez. Cada vez más investigadores efectúan el depósito en abierto en repositorios y varias universidades comienzan a consolidar estrategias institucionales para la gestión de datos. Sin embargo, el crecimiento cuantitativo debe ir acompañado de mejoras en la documentación y descripción de los conjuntos de datos. Si no se incorporan los metadatos adecuados, estos conjuntos de datos pueden ser técnicamente «abiertos», pero serán difíciles de encontrar, interpretar o reutilizar, para ello no hace falta el depósito.

El reto de los próximos años no será solo publicar más conjuntos de datos de investigación, sino también describirlos y publicarlos mejor.

Fuentes:

  • Martínez Méndez, Francisco Javier: López Carreño, Rosana; Baptista, Ana Alice, Castelló Cogollos, Lourdes y Delgado Vázquez, Ángel M. (2023). Implementación de los repositorios de datos de investigación en las universidades públicas españolas: estado de la cuestión. Scire: representación y organización del conocimiento, 29(2), 39-49. https://doi.org/10.54886/scire.v29i2.4914
  • Martínez Méndez, Francisco Javier: López Carreño, Rosana; Baptista, Ana Alice, Castelló Cogollos, Lourdes y Delgado Vázquez, Ángel M. (2023). (2025). #datasets de universidades españolas en Zenodo – 2024. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.18085406
  • Martínez Méndez, Francisco Javier: López Carreño, Rosana; Baptista, Ana Alice, Castelló Cogollos, Lourdes y Delgado Vázquez, Ángel M. (2026). #datasets de universidades españolas en Zenodo a 31-12-2025. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.18903560

Nota técnica.

Cuando en un conjunto de datos de investigación aparecen investigadores de dos o más universidales, ese conjunto de datos se computa en cada institución. Por tanto, el número de conjuntos de datos total es algo inferior al que mostramos.

Cuando el diseño web por delante del modelado de contenido

Aprovecho que estoy preparando las clases de esta semana en la asignatura «Sistemas de Gestión de Contenidos» del 2º curso del grado en Gestión de Información y Contenidos Digitales para reflexionar brevemente sobre una cuestión: ¿qué pasa cuando se dedica muchas horas a un diseño «muy visual» del sitio web con nuestro CMS y «pasamos» un poco (o un bastante) del modelado del contenido?.

Vemos qué pasa cuando se dedica muchas horas a un diseño "muy visual" del sitio web con nuestro CMS y "pasamos" un poco (o un bastante) del modelado del contenido.

No es raro encontrarnos sitios web donde se ha puesto todo el interés en un diseño visual muy atractivo que atrae, sin duda alguna, a nuevos usuarios pero que, a nivel de modelado de contenidos, presenta graves problemas. Cuando el diseño va por delante, nos centramos en el desarrollo de unas plantillas visuales espectaculares, animaciones, banners y carruseles de diapositivas de gran calidad visual, maquetación de la interfaz web atractiva, todo ello dentro de una gran coherencia visual (el «tema» del CMS).

cosas que pasan cuando se dedica poco esfuerzo al modelado de contenidos en el desarrollo de un sitio web

Si el sitio web no va más allá de un blog, un pequeño catálogo de productos o una pequeña web institucional, no se plantearían muchos problemas. En estos casos, puede resultar suficiente con los tipos de contenido base «página» y «entrada» (‘post’), con introducir las fechas en formato de texto libre («12/06/2025» o «12-jun-26», a elección del usuario incluso), no tener normalización alguna de cómo introducir el nombre de un autor de un libro («Juan Antonio Pérez López» o «Juan A. Pérez López» o «Pérez López, Juan Antonio»), que la taxonomía del sitio web no esté muy trabajada (o sin trabajar directamente, dejando a los usuarios construirla sin consistencia alguna) y, finalmente, no existe relación entre tipos de contenido específicos (básicamente por su escasez o ausencia). En definitiva, mucho diseño y poca gestión de información, algo parecido a lo que le está ocurriendo ahora al equipo Aston Martin de F1, que ha contratado un «mago» del diseño como Adrian Newey y unos motores Honda que no son capaces de llevar a cabo quince vueltas seguidas a un circuito.

En estos sitios web, poco más se puede hacer que navegar por las distintas secciones, usar el buscador o esperar que la nube de etiquetas esté construida con algún criterio. Si quisiéramos consultar un histórico de «actividades culturales»desarrolladas en el último año, tendríamos el problema de que no existe ese tipo de contenido específico y que, además, la búsqueda por fechas puede resultar complicada al no esta normalizado el formato de entrada.

El CMS termina convirtiéndose casi en un editor de texto "glorificado".

La solución suele terminar siendo manual, se copia contenido de entradas que recuperamos (manualmente casi siempre) de la web para pegarlo en listas elaboradas a mano (como si trabajáramos con el editor de texto normal, de ahí el apelativo de «glorificado» de la imagen). El resultado final es escasa y frágil agregación de contenidos (poco se puede extraer por medio de consultas automáticas), mucho trabajo repetitivo, algo que debería obviar el uso de un CMS, produciéndose una situación de «deuda técnica», algo parecida a la que Honda tiene ahora con la escudería Aston Martin y con todos los aficiones a la Fórmula 1 que ven que Fernando Alonso difícilmente podrá aspirar a un podio en esta su última temporada (o no) en los circuitos.

Esperemos que el CMS no nos lleve a acompetircon un coche normal en las carreras. Para ello hace falta modelado, metadatos, relaciones, agregación y diseño reutilizable.

Siguiendo con esta metáfora, hay que intentar que el diseño del CMS no nos obligue con un coche normal en las carreras. Para ello hace falta modelado de contenido adeucado, metadatos bien definidos, relaciones entre tipos de contenidos, vistas del contenido a partir de agregación, todo ello en un marco de diseño web útil y reutilizable.

El «contrato para la web» de Berners-Lee

entrada actualizada

Actualizo una entrada de noviembre en 2019 sobre el «Contrato para la Web» que puso en marcha el inventor de todo esto, Sir Tim Berners-Lee, para intentar asegurar que internet debe seguir siendo un bien público para toda la sociedad.

fragmento del contrato para la web de Sir Tim Berners Lee

«La web se diseñó para unir a la gente y hacer que el conocimiento fuese accesible para todos y todas. Ha cambiado el mundo para bien y ha mejorado la vida de miles de millones de personas. Sin embargo, todavía hay muchas personas que no pueden acceder a sus ventajas y muchas otras para las que la Web supone un coste demasiado elevado.

Todos tenemos un papel que cumplir a la hora de salvaguardar el futuro de la Web. Los representantes de más de 80 organizaciones redactaron el Contrato para la Web en nombre de gobiernos, empresas y la sociedad civil. En él se establecen los compromisos que deben guiar las políticas digitales. Con el fin de alcanzar los objetivos del Contrato, los gobiernos, las empresas, la sociedad civil y las personas deben comprometerse con el desarrollo sostenido de dichas políticas, así como con la defensa y la implementación de este texto».

Así presentaba en el año 2019 Sir Tim Berners-Lee, el inventor de la web, su iniciativa llamada «Contrato para la Web«. El objeto de la misma era garantizar que todos tenemos acceso a ella, no solo las personas que viven en países donde el nivel de vida lo permitiera y el gobierno sea democrático. La idea de Berners-Lee iba en la línea de conseguir el verdadero acceso universal a «su criatura», la que propuso casi de escondidas a sus jefes del CERN hace más de 30 años.

Este contrato se estructuraba en 9 principios básicos que presentamos de forma resumida:

  1. Asegurarse de que todo el mundo pueda conectarse a internet para que cualquier persona, independientemente de quién sea o dónde viva, pueda participar de forma activa en la red.
  2. Hacer que la totalidad de internet esté disponible en todo momento para que a nadie se le niegue el derecho a disfrutar de un acceso completo a la red.
  3. Respetar y proteger los derechos básicos de las personas sobre sus datos y su privacidad en la red para que todo el mundo pueda usar Internet libremente de forma segura y sin miedo.
  4. Hacer que el acceso a internet sea asequible y accesible para todo el mundo para que nadie quede excluido del uso y el desarrollo de la web.
  5. Respetar y proteger la privacidad y los datos personales, con el fin de generar confianza en la red para que las personas tengan el control sobre sus vidas en Internet y que cuenten con opciones claras y relevantes en lo relativo a sus datos y su privacidad.
  6. Desarrollar tecnologías que promuevan lo mejor de la humanidad y contribuyan a mitigar lo peor para que la web sea realmente un bien público en donde prevalezca el interés de las personas.
  7. Crear y colaborar en la web para que la web tenga un contenido rico y relevante para todos.
  8. Construir comunidades sólidas que respeten el discurso civil y la dignidad humana para que todo el mundo se sienta seguro y bienvenido en la red.
  9. Luchar por la web para que siga siendo abierta y un recurso público global para las personas de todo el mundo, ahora y en el futuro.

Estos principios afectan («reclaman» más bien) a gobiernos, empresas y ciudadanos. Están dirigidos a gran parte (a lo mejor a toda) de la sociedad actual. Asegurar que la red tenga infraestructura suficiente, que el acceso sea lo más barato posible, que se respeten los derechos de los usuarios y que su uso esté dirigido a mejorar a las personas, son causas por las que vale la pena postularse, más allá de rellenar el formulario de adhesión y hacer clic con el dedo en la pantalla del teléfono.

Actualización a fecha de 2026.

Portada de la declaración por el futuro de la internet
Portada de la declaración

Al momento de su lanzamiento, gobiernos como Francia y Alemania se sumaron a la iniciativa.  El gobierno alemán anunció su apoyo a la iniciativa en noviembre de 2018, destacando internet como un «bien público» y un derecho fundamental que debe ser protegido, asegurando el acceso para todos y respetando la privacidad. El gobierno francés también se adhirió a la iniciativa en términos similares. Además, la Unión Europea se ha alineado estrechamente con los principios básicos dictados por Berners-Lee, al igual que los esfuerzos conjuntos de Estados Unidos y otros 60 países firmantes de la «Declaración para el Futuro de Internet«, que busca un internet abierto, seguro y libre. Países como Ghana y Brasil han tenido intervenciones directas apoyadas por la Web Foundation para mejorar la asequibilidad y los derechos digitales. 

Cartel de Women's Right Online

En el caso brasileño, apoyó activamente el desarrollo y aprobación del Marco Civil da Internet en Brasil, considerado el primer «proyecto de ley de derechos» de internet en el mundo. Esta legislación consagraba derechos fundamentales como la neutralidad de la red, la privacidad y la libertad de expresión. En Ghana, la fundación trabajó para abordar la brecha digital, particularmente la brecha de género, a través de la red Women’s Rights Online (WRO). Esto incluye la promoción de políticas de TIC que sean sensibles al género, fomentando el acceso a internet asequible y garantizando los derechos digitales de las mujeres.

Las políticas públicas influenciadas por el contrato se centran en los tres pilares de gobierno del documento:

  • 1. Asegurar la conectividad (acceso): Políticas destinadas a reducir la brecha digital y garantizar que todo el mundo pueda conectarse a internet, haciendo que sea asequible y accesible.
  • 2. Mantener la red abierta (neutralidad y disponibilidad): Normativas que prohíben el cierre o la censura total de internet por parte de los gobiernos.
  • 3. Respetar la privacidad y datos (gobernanza): Políticas alineadas con el cumplimiento de derechos de datos, similares al RGPD (Reglamento General de Protección de Datos) en la UE. 

Principales aliados tecnológicos:
Más de 150 organizaciones respaldan la iniciativa, incluyendo grandes tecnológicas como Google, Facebook (Meta), GitHub, Reddit y DuckDuckGo, que han ajustado sus políticas de producto a estos principios. 

Para finalizar, queremos recordar que el contrato no es solo una aspiración, es una verdadera «hoja de ruta» para políticas concretas para asegurar que internet siga siendo una herramienta para el bien público.